Desde el Otro Lado – Introducción


Podríamos definir Desde el Otro lado como una visión diferente del mundo espiritual y su vínculo con el mundo material, y del mundo material y su vínculo con el espiritual.

Actualmente, he eliminado este relato de mi página web y lo he publicado ampliado y corregido en Amazon, tanto en Papel como Versión Digital, puedes encontrarlo en el siguiente enlace:

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Mi intención al hacer este libro, era dedicarlo dedicado a aquellos de mente abierta, capaces de cuestionarse hasta sus creencias más queridas, que estén dispuestos a descubrir sus condicionamientos y a, tal vez, tener otra visión de lo que siempre ha sido tomado por cierto, o de aquello que quieren que nos tomemos por cierto. 

 

INTRODUCCIÓN

“Hay otros mundos… Pero están en éste” (Paul Éluard)

La sala era enorme, circular y abovedada, sus muros parecían hechos de luz, una luz blanca tirando a marfil o ligeramente amarillenta, pero que no dañaba a la vista, no había nada en ellos, ni existían ángulos; ni siquiera allí donde se unían con el suelo, ya que lo hacían en una curva suave. En el centro de la sala, emergía una mesa circular de grandes dimensiones, como si fuera una seta con un ancho pie y un sombrero muy plano.

Sobre ella se inclinaba ligeramente un ser luminoso, de un color azul profundo, al mismo tiempo que otros dos de aspecto semejante, uno con una tonalidad de azul más claro, y otro de color amarillo suave, parecía que entraban a través de un espacio que se había abierto en la pared, justo en el lugar donde un momento antes no había apertura aparente, era como si el muro de luz se hubiese abierto como una cortina y se…

Pero, tal vez, debería ir hacia atrás y explicar cómo llegué hasta este lugar:

Llevaba unos días con gran inquietud y ansiedad, nada parecía salir a derechas, y aunque por llevar mucho tiempo así ya me debería haber acostumbrado, seguía sin resignarme. Así que, por aquella idea de que para toda pregunta siempre hay una respuesta, aunque no sea la esperada o agradable, continuaba buscando una explicación o razón.

Por ello, decidí buscar un momento en que nada me interrumpiera para hacer una meditación lo más profunda posible. Me sentía inquieto, más de veinte años de práctica no te garantizan nada, bien lo sabía, porque a veces, cuando las emociones y las ideas van y vienen con intensidad, es difícil lograr el silencio. Para darme cierta calma, puse una grabación con el sonido del mar, tratando de acompasar mi respiración con ella.

Como otras veces, pensé que lo único eterno y que ha permanecido sin cambios, desde el principio de los tiempos, desde hace miles de millones de años, es ese sonido. Los cielos y las estrellas han cambiado, la tierra ha cambiado, ya nada es igual, nada excepto ese sonido y, por alguna razón, al igual que siempre pensaba en ello, sentí cierta melancolía, cierto sentimiento que podría decirse que era nostalgia. Algo había en ese sonido que me sugería un tiempo infinito olvidado, perdido y desconocido.

A pesar de la tensión, se hizo el vacío mucho antes de lo que esperaba, percibí como si algo me atrajera con fuerza, como si fuera succionado con fuerza fuera de mi mismo, alguna vez había sentido esa sensación de proyección a una enorme velocidad, sintiendo vértigo y no pudiéndolo controlar, pero esta vez la sensación era mucho más suave y agradable, era como deslizarse en agua tibia.

Me dejé ir por la sensación de profunda paz, tranquilidad y sosiego… Después de tanta ansiedad me confortaba el silencio, la serenidad de esa dimensión en la que anhelaba sumergirme, y que tan pocas veces logras alcanzar con total plenitud.

Cuando apenas estaba empezando a disfrutar de esa sensación tan liberadora algo, o alguien, se interpuso en mi visión interior: Eso, lo que fuera, estaba ahí y me observaba. Su presencia me había sobresaltado, así que respiré profundamente para volver al estado de relajación previo y tratar de ignorarlo, pero no desapareció.

No me gustan las apariciones en mis meditaciones o, si prefieres decirlo así, estados alterados de consciencia, bastante tengo con intentar tratar con los vivos, y saber si me dicen la verdad, que no tengo el menor interés en tratar de hacer esas averiguaciones con estos. He tenido suficientes experiencias en mí, y en otros, para desconfiar.

Además, en su momento, tuve a alguien que me previno sobre lo que no se podía entender, lo que estaba más allá de la capacidad de análisis y comprensión, lo que nunca sabrías en realidad si te decía la verdad, o sólo jugaba contigo. Ese alguien era mucho más capaz que la inmensa mayoría de los que se autodenominan videntes, sólo porque −de tarde en tarde− tienen algún acierto.

Por eso, intenté seguir adelante dejando a eso atrás, fuera lo que fuese, pero no desaparecía, cada vez era más contundente su presencia, más clara, así que decidí averiguar si era un fantasma de mi mente, u otra ocurrencia de mi subconsciente, de ese lugar en donde a todos nos nacen tantas cosas, y que hay que tomarse con tanta precaución como las presencias foráneas:

− ¿Quién eres?

− Soy el que soy.

Bueno −me dije a mi mismo riéndome para mis adentros−, esto va a ser divertido, está claro que mi subconsciente debía estar juguetón, eso o demasiados problemas me distraen, pensé.

− Y yo soy el que soy, respondí con cierta ironía.

− La diferencia es que yo sé quién soy y tú no lo sabes.

Vaya… Si no era mi subconsciente, lo cual ahora parecía más probable, debía ser un espíritu juguetón que iba de listo, por tanto, razón de más para salir de la meditación, pero como tenía urgencia de paz y de calma, así como de comprender algunas cosas, a pesar de todas mis prevenciones no quise abandonar tan pronto, además… Soy curioso.

− ¿Cuál es tu nombre?

− Mi nombre no debe ser pronunciado.

En este momento su imagen ya se había aclarado, era un ser luminoso, como de tres metros de altura según mi percepción del espacio y sin forma definida; no me producía miedo, pero tampoco seguridad, era algo frío, indiferente.

− Si quieres hablar conmigo me sería más fácil que adoptaras una figura más humana, alguien a quien pudiera verle el rostro.

Sin decir nada, tomó la figura de una persona muy querida que se había ido hacía muchos años. Empezó a hablarme y sentí la misma voz, la misma expresión del rostro, todo era esa persona:

− ¿Te acuerdas cuándo…?

Y me recordó cosas de mi infancia que sólo eran conocidas de unas pocas, muy pocas personas, o incluso sólo de ella… También me recordó otra conversación, cuando yo era muy joven y hablábamos de la muerte, sólo ella y yo conocíamos esa conversación.

En aquél entonces, lleno de las ideas y dogmas de todo lo que leía, con la falsa seguridad que te da el conocimiento intelectual y la juventud, intentaba convencerla a ella, cuyo conocimiento provenía de la experiencia y el tiempo.

Y recordé su rostro que, mientras yo le argumentaba dándole razones encontradas en libros, mostraba una expresión seria, con los ojos perdidos en un punto indefinido, al tiempo que, con la cabeza inclinada, moviéndola negando y con la boca ligeramente torcida, ciertamente contrariada, no conmigo, sino con algo más profundo que parecía inquietarle intensamente, me decía:

− Ahí hay mucho más de lo que queremos saber…

La misma vibración de duda, el mismo rostro con una expresión de temor incluso, temor que yo entonces no podía comprender y, por tanto, mucho menos compartir, y ello, a pesar de que tendría que haber sospechado que tenía buenas razones para hablar y expresarse de ese modo…

Me estaba emocionando cuando, de pronto, esa entidad cambió y adoptó la imagen de un anciano venerable de barba blanca, y luego pasó a otro parecido, pero más seco, con un turbante, siguió una mujer de rostro bondadoso con un manto azul y con un aura luminosa, luego un buda, después un monje Shinto y así siguieron apareciendo distintas personas, incluso en un momento apareció la figura de lo que podía parecer un demonio de rostro sonriente, incluso hermoso a pesar de la desafiante mirada…

Estaba jugando conmigo y me sentí incómodo, disgustado, pero cada una de esas figuras me transmitían la paz, la seguridad, confianza o la fuerza que en el fondo necesitaba, se me hacía difícil substraerme a ellas.

− ¿Por qué tomaste la figura de …? (dije el nombre de la persona que había aparecido en primer lugar).

− Porque quiero que entiendas bien, y comprendas perfectamente, que si quisiera engañarte lo podría hacer, ni tú ni nadie podría saber distinguir la verdad de la mentira.

− ¿No me podría haber dado cuenta?

− Ninguno de vosotros habéis sido preparados para entender cómo moverse en otro plano que no sea el físico, y en este tampoco es que seáis muy buenos para comprender qué sucede.

Lo que creéis que podéis controlar es normalmente sólo una ilusión fruto de vuestra vanidad, de vuestra necesidad de seguridad y control, de vuestro ego. Si os encontrarais con cualquier entidad propia de este espacio, no sabríais ni qué hacer con ella. En este plano no entendéis la jerarquía de sus leyes y principios, no entendéis nada, sólo imagináis entender… Y no te estoy revelando nada que tú no sepas.

Era cierto, yo ya sabía eso, de ahí mi desconfianza, y que me hablara de esa forma me daba cierta confianza, aunque no total, pero prosiguió:

− ¿Qué figura eliges?

− Elige tú, aceptaré la figura que tú prefieras.

− Que así sea.

Pero no cambió, volvió a la imagen de luz sin forma, sexo, edad o nada que pudiera darme referencia alguna. En fin, pensé, tampoco te sirve aquí abajo ver los rostros de la gente, al final, te engañan igualmente si quieren, por lo menos este ser me había mostrado que me podía engañar si quería, bueno, en realidad lo había hecho, me había demostrado su capacidad.

− No sé quién eres, ni cómo eres… ¿Puedo saber qué quieres?

− Quiero que me acompañes para mostrarte algo.

A mí uno de estos ya no me lleva ni la vuelta de la esquina, pensé, pero mi curiosidad fue más fuerte:

− ¿Qué es lo que quieres mostrarme?

− Lo que, tal vez, cambiará para siempre tu forma de ver y comprender el mundo.

Seguía desconfiando y me sentía molesto, era demasiado halagador que un ser luminoso quisiera mi atención, a otro perro con ese hueso, mi ego no necesita de seres luminosos que me reafirmen, necesito resolver otros problemas y otras cosas, y ya. Así que tomé una respiración profunda, e intenté una vez más eliminar esa imagen de mi mente, pero permanecía imperturbable, no lograba deshacerme de esa imagen.

− No te esfuerces, podemos terminar esto cuando tú quieras, yo te atraje hasta mí, y no voy a retenerte, sólo tienes que decirlo y nunca más volveré a molestarte.

− Y tú, mostrándome eso que es tan importante, ¿qué quieres?

− Nada, no quiero nada.

− No es cierto, todo el mundo quiere algo.

− Sí, tienes razón, pero no es nada de lo que tú me puedas dar. Tómatelo como si para mí fuera un experimento.

− ¿Y qué gano yo con ello?

− Nada, o todo… Si quieres esa es la finalidad del experimento, averiguar si puedes ganar algo con ello, porque, aunque no lo creas, y no te lo voy a explicar ahora, si tú ganas con ello, también ganaré yo.

Aquello era enigmático: ¿Si yo ganaba ganaría él? Sentí que preguntar no resolvería el enigma, mejor avanzar.

− ¿Y qué quieres mostrarme?

− Quiero mostrarte a los que gobiernan tu mundo y te gobiernan a ti, que sepas quienes son tus amos.

Eso me sonó a sociedades secretas y poderes ocultos, a gobiernos en la sombra, a conspiración… Hay tanto sobre ello que eso ya no puede inmutarme, ¿qué interés podría tener conocer los nombres de quienes están detrás de la fachada que nos presentan si no podía hacer nada para cambiar mi vida? En ese sentido sería mucho más útil que me diera los números de algún gordo de la lotería o algo parecido.

Al final, en estas cosas soy muy pragmático, y como decía Alejandro Dumas en el Conde de Montecristo, creo que la única libertad a la que puede aspirar un ser humano en este mundo es la libertad que le da el dinero. ¿Qué utilidad podría tener saber más sobre conspiraciones que discutir, más aún, con los pocos amigos conformistas, o que querían conformar a otros, que me iban quedando? Si era eso, no me interesaba para nada.

− No sólo es ser amo de tu vida física, es más especialmente ser amo de tu vida espiritual.

Había adivinado lo que pensaba, entonces debía ser sólo una imagen viva de mi subconsciente.

− Deja que te muestre lo que quiero mostrarte y decide si eso es cosa de tu subconsciente, si tu subconsciente es capaz de imaginar algo parecido.

¿Otra vez adivinándome lo que pensaba…?

− Bien, ¿qué quieres que conozca?

No había apenas terminado de decirlo, cuando la niebla que nos rodeaba, y de la que no había sido consciente hasta ese momento, se difuminó. Reconocí inmediatamente donde estaba, lo había visto antes en regresiones, eran los espacios de luz, de entre vidas.

No era un lugar que me gustara, por muy agradable que resultara a los más ilusionados, porque en ese momento, por fin y por experiencia propia, ya sabía que ahí había mucho más de lo que quería saber, tal como me habían dicho hacía muchos años sin comprenderlo entonces.

Por ello no me sentí confortable, ya había tenido experiencias con los seres de luz de estos lugares, y los resultados no habían sido los esperados, demasiadas cosas no son lo que aparentan ser, a pesar de la enorme paz o incluso amor que emanan. De alguna forma notó mi resistencia:

− No temas, yo no soy de este lugar, y estando conmigo ninguno de los que están aquí pueden verte, oírte o sentirte.

Llevaba mucho tiempo preguntándome que eran en realidad estos lugares, así que no dudé en preguntar:

(En Amazon puedes adquirir este libro…)

 

 

4 thoughts on “Desde el Otro Lado – Introducción

  1. Paola

    Muy interesante. Intuyo por donde vas.

    Por cierto, me gustaría saber tu opinión sobre los viajes astrales. De pequeña solía hacerlos muy a menudo, pero hace ya tiempo que no me pasa.

    ¿tu los has realizado? ¿tu piensas que tienen algún valor experimental? ¿que son reales?

    Reply
    1. vueloalalibertad Post author

      Si intuyes por donde voy espero me confirmes al final que acertaste, o no, porque para muchas creencias muy difundidas del mundo alternativo o New Age no va a ser amable… 😉

      ¿Me permites que te responda en un artículo sobre lo que me preguntas? Por que se me ocurre que hay un tema interesante para abordar ahí.

      Muchas gracias y saludos.

      Reply
      1. Paola

        Espero que no lo sea, el New Age es pura manipulación. Es beber algo que no quita la sed y además marea.

        Por supuesto, espero con ansiedad para leerlo y cuando lo hagas comentaré en el mis experiencias en forma de comentarios.

        Un saludo

        Reply

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